Lorena, de 30 años, y Martín, de 37, son novios y desde antes que se terminara el estado de excepción en Ecuador (13 de septiembre) comenzaron a salir para «recuperar el tiempo perdido», pues no se vieron casi cinco meses por la pandemia del COVID-19 y porque él se infectó a fines de marzo, en los días más críticos de la llegada del virus a Guayaquil.
Y aunque ya han compartido reuniones familiares, pícnics (comida campestre al aire libre) con amigos y fiestas en casas de parientes «que no están infectados», el fin de semana último les preocupó ver a gente sin mascarillas y aglomeradas en zonas comerciales con locales de comidas en sectores como Urdesa y vía a la costa.
Cada uno tiene en sus hogares a adultos mayores que padecen de hipertensión arterial (presión elevada) y la experiencia del último fin de semana los llevó a tomar más precaución, pues no quieren llevar el virus a casa, como también le pasó a uno de sus amigos.
Pero no son los únicos. Cada vez son más las familias y amigos que se reúnen en diferentes escenarios y que incluso dejan de lado medidas preventivas como el uso de mascarillas. Y aquello lo plasman en las fotos de grupos que se toman juntos sin ninguna protección y en las conversaciones que tienen.
Esto último preocupa a médicos infectólogos y a autoridades, quienes han visto que en las últimas semanas los pacientes que han ingresado a terapia intensiva son los mayores de 60 años y con enfermedades preexistentes.
Y aunque en Guayaquil hay por el momento estabilidad y una disminución sostenida en los casos de COVID-19, según las cifras del Municipio (basadas en los reportes que hacen todas las instituciones que atienden casos de coronavirus COE cantonal), la preocupación radica en las reuniones sociales y familiares.
«No se están incrementando o aumentando desproporcionadamente el número de casos nuevos que pasan a terapia (intensiva). Lo que sí estamos observando es que los pacientes que están ingresando a terapias intensivas son pacientes añosos, por encima de 60, 65 años y sobre todo cuando tienen comorbilidad (dos a o más trastornos o enfermedades)», explica Carlos Farhat, médico epidemiólogo y coordinador de Salud del Municipio porteño.
Hasta hace un mes los que ingresaban a hospitalización y a terapia intensiva eran pacientes jóvenes, de entre 30 y 55 años, indica.
Él tiene dos hipótesis para este último cambio. Una es que los adultos mayores se hayan infectado en las salidas que hacen ahora, puesto que son una población vulnerable que se infecta rápidamente por cualquier descuido. Y la otra, la que más le preocupa, es que se hayan contagiado en alguna reunión familiar o que alguien del hogar, que estuvo en otros escenarios, llevó el virus y le pasó.
Jhony Real, otro médico infectólogo, dice que la ciudadanía no puede confiarse y que hay extremar los cuidados y mantener las medidas de bioseguridad preventivas como el uso obligatorio de la mascarilla (hasta para visitar a los familiares que no vivan en la misma casa), el lavado frecuente de las manos con agua y jabón y el distanciamiento físico en todo momento y lugar.
«Una vez liberada las medidas (restrictivas) ya la responsabilidad es del ciudadano, todo depende del comportamiento de las personas… No es que voy a ir a visitar a mis padres o familiares sin mascarilla, a abrazarlos, a besarlos, porque ahí les puedo pasar, sobre todo si ando en reuniones sociales, hay mayor riesgo. No sabemos si esas personas puedan ser asintomáticas y se puede infectar al resto de la familia en un momento determinado. Hay que evitar también estos clústers sociales o agrupaciones de personas por espacio de un tiempo (más en áreas cerradas)», menciona Real.
Y aunque la cifra de mortalidad no ha aumentado en Guayaquil pese a la liberación de medidas restrictivas, hace doce días hubo un pico y fallecieron cinco pacientes por COVID-19; al día siguiente, tres; luego dos y de ahí se estabilizó. Así, hay días en que no se han registrado muertes por COVID-19, dijo Farhat, basado en las cifras del COE cantonal. (I)

