- Tras decretarse el estado de excepción en la parroquia La Merced de Buenos Aires, militares y policías ingresaron a desalojar campamentos para minería ilegal.
Cerca del mediodía del martes partía de la Y de San Gerónimo, en Imbabura, el primer bus repleto de personas, hombres y mujeres, nacionales y extranjeros, que llegaron en diferentes fechas a la parroquia La Merced de Buenos Aires, en el cantón imbabureño de Urcuquí, seguros de que les iba a tocar un poco del oro que, habían escuchado, ya enriqueció a unos cuantos.
A todos ellos les sorprendieron poco después de las 05:00 del martes militares y policías que llegaron a los caseríos improvisados alrededor de las minas de Buenos Aires, con el anuncio de que su permanencia en el sitio era ilegal, que tenían que desalojar voluntariamente y llevarse sus pertenencias, en las que no se incluían taladros, herramientas neumáticas o motosierras.
A esa hora ya estaban incautadas las máquinas de varias procesadoras de material que contenía oro. Uno de los que salía era Stalin Ortiz, de 24 años, quien hace apenas quince días llegó al ‘rancho’ de un amigo que lo trajo desde la Unión de Quinindé, en Esmeraldas.

