Durante más de 15 años dirigió campañas de mercadeo de marcas de lujo, pero ahora Fernando Kushner dedica su tiempo y talento a rescatar a los perros callejeros de La Paz.
Cada día, justo antes del amanecer, Fernando Kushner se sube a su viejo minibús y se adentra en las calles de La Paz para alimentar a los perros callejeros de esta ciudad boliviana.
Hace cuatro años, cuando era un hombre de negocios de alto vuelo, Ferchy, como lo llaman sus amigos, podía llegar a casa a esa misma hora después de una noche de fiesta.
“He renunciado a todo por mis perros. Romances, familia, carrera, todo“, dice, con la pasión de un verdadero converso.
Ferchy atribuye a un perrito callejero llamado Choco este giro radical que le hizo renunciar a su exitosa carrera como ejecutivo de mercadotecnia en el mundo de la moda para dedicar su tiempo a los perros callejeros de La Paz.
Choco fue el perrito callejero que la cambió la vida a Kushner.
Kushner vio al perro después de salir de su clase de yoga y le dio un pedazo de su sándwich. El animal frotó su hocico con el cuello de Kushner y le lamió las manos, y ese simple acto de gratitud bastó para convencerlo de regresar y alimentar a Choco al día siguiente.
Antes de que se diera cuenta, estaba alimentando a cinco perros, luego a 10, luego a 20. Hoy, la cifra llega a centenares.
Haciendo rondas
Su rutina para alimentar a los animales es similar cada día; visita los mismos siete u ocho distritos y deja porciones de comida en los mismos lugares. Cada perro recibe 1 kg de pollo y huesos al día, y se agrega una porción de 250 g de galletas para perros.
Ferchy hace dos rondas cada día, una por la mañana y otra por la tarde. Entre una y otra, pasa otras tres o cuatro horas conduciendo por La Paz para recoger alimentos de varios donantes.
Las donaciones más generosas provienen de dos cadenas de comida rápida, Don Pollo y Pollos Copacabana.
En promedio, recolecta 15 contenedores del tamaño de un cubo de basura, cada uno de los cuales puede contener 50 litros. Rellena los cubos con galletas para perros. Cada mes gasta unos cincuenta sacos de 22 kilos durante el mes, a un costo de 9,000 bolivianos (1,300 dólares), que paga de su propio bolsillo.
Además de alimentar a “sus perros”, también es voluntario en diferentes organizaciones benéficas y refugios para perros en La Paz.
María Angulo Sandoval, quien trabaja en un refugio para perros en el municipio vecino de El Alto, dice que Ferchy ha actuado donde los funcionarios de la ciudad han fallado.
“Las autoridades de la ciudad son responsables de la salud y la seguridad públicas, lo que incluye mantener a la población de perros bajo control. Pero son absolutamente inexistentes”, dice.

