La crisis económica, la falta de acceso al crédito regular y la poca educación financiera han hecho que el 30% de las familias ecuatorianas hayan recurrido a los chulqueros.
“Me presionaban todos los días. Tenía que conseguir el dinero para pagar. Me llamaban o me mandaban mensajes poniendo plazos inmediatos, bajo la amenaza de quitarme mi carrito”. Aníbal Puma, taxista de profesión, pidió un préstamo a un chulquero para pagar un tratamiento médico de su hijo. Le dieron $200, pero pagó $600, es decir, 10% durante 30 días.
Según la Asociación Latinoamericana de Instituciones Financieras para el Desarrollo, los créditos ilegales o chulco crecieron más de 140% en los últimos 5 años. Así, ese negocio pasó de mover $250 millones a más de $600 millones al año.
Sin embargo, esa solo es una estimación que puede ser incluso mayor con el impulso que les da el narcotráfico.
Alrededor del 30% de las familias ecuatorianas han acudido en algún momento a los chulqueros, los cuales básicamente entregan dinero en efectivo sin pedir garantías al deudor, quien se ve obligado a devolverlo en cuotas diarias con un interés alto.
Esta actividad tiene décadas de existencia, pero desde 2008 cada vez tiene más vinculación con lavado de activos.
Ana Lucía Mora, economista e investigadora en temas financieros, explicó que el plazo de pago en el Ecuador es de 30 días y la tasa de interés oscila entre el 10% al 40%.
Entre 150% y 200% más de pago
Un crédito de consumo en una institución bancaria o cooperativa puede llegar hasta el 15%, lo que significa que si se reciben $800, al cabo de tres meses se pagarán $820,08. En cambio, si se acude a un chulquero, el monto total podría llegar a los $1.280, es decir $428 cada mes.
“Los intereses hacen que el pago sea muy difícil de cumplir, lo que trae problemas en el entorno familiar, daños psicológicos y de salud. Incluso se puede llegar a perder negocios y bienes inmuebles”, aseveró Mora.
Los perfiles más buscados por los chulqueros son los comerciantes pequeños, comerciantes en los mercados, mujeres emprendedoras, adultos mayores y migrantes.
La modalidad más antigua es reunir un número determinado de personas para formar una especie de cooperativa informal en donde se escoge a alguien que firme el pagaré o letra de cambio. Todos los miembros vigilan los pagos. Esto se ve en los mercados, por ejemplo, en donde los vendedores tienen poca escolaridad (en el mejor caso la primaria) y no son sujetos de crédito en los bancos.
Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), menos del 30% de los microempresarios acceden a crédito formal y ese porcentaje baja a menos del 20% en el caso de las mujeres. Asimismo, un campo abierto para ese tipo de operaciones está en el hecho de que 3,2 millones de ecuatorianos no tienen acceso al sistema financiero formal.

