Sueros de vitaminas y “unas pastillas de unas recetas” que le pasaron sus conocidos por WhatsApp (aplicación de mensajería móvil) usó Carlos, de 53 años, para “combatir el COVID-19″. A la semana decía que se sentía mejor, pero el sábado último empeoró y fue internado de emergencia en un hospital de la provincia de Los Ríos, donde encontró disponibilidad. El lunes 22 fue intubado porque su cuadro se complicó. Sus familiares querían traerlo a Guayaquil, pero no encontraron ambulancia ni espacio en los hospitales.
La realidad de Carlos, oriundo de El Empalme, en Guayas, se repite a nivel nacional. Pacientes que se automedican o a quienes les recetan fármacos que ya no se emplean o que se usan en fases avanzadas de la enfermedad están complicando los cuadros y se convierten, sostienen los médicos especialistas, en un detonante que eleva incluso la mortalidad en Ecuador, donde los contagios (313.570 oficiales al 23 de marzo) y las muertes por COVID-19 (16.504 oficiales entre confirmados y probables al 23 de marzo) siguen en aumento, así como las listas de espera para ingresar a una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Algunos empiezan, otra vez, a morir en casa y los médicos temen que se repitan las historias que se dieron al comienzo de la pandemia en Guayaquil, entre marzo y abril del 2020.
No antibióticos (como la azitromicina o norfloxacina), no corticoides o corticosteroides (como la dexametasona), no antinflamatorios como el ibuprofeno (también puede tener dengue), no hidroxicloroquina o cloroquina, entre otros, ‘de entrada’. Todos estos no se usan en la primera fase del COVID-19 porque en vez de ayudar, empeoran los cuadros e incluso los hacen avanzar a una etapa más complicada que es la inflamatoria, sostienen tres expertos consultados por este Diario. Adicional, hacen que el paciente se retarde en buscar atención médica especializada y cuando van al hospital es tarde para muchos.
“Hay incremento en mortalidad en las UCI porque dos grupos de personas están llegando a las UCI: los adultos mayores y las personas entre 20 y 50 años, que comienzan con un cuadro leve. Por ejemplo, un cuadro de 30% de afectación (pulmonar) en un tercer o cuarto día, al quinto es del 50% y al día siguiente es del 80%, es decir, un incremento rápido de la neumonía, incluso más rápido que los marcadores COVID-19 y a la persona en tres o cuatro días la están intubando, probablemente por la trombosis que desarrollan, aparte de la neumonía muy amplia que se desarrolla en corto tiempo, y más aún en las personas de 20 a 50 años que en las personas adultos mayores que va un poco más lento, pero como son adultos mayores ellos tienen otro tipo de complicaciones que los llevan a mortalidad”, asegura el doctor Alberto Campodónico, médico clínico intensivista, de la clínica Kennedy de la Alborada, quien a diario atiende casos de COVID-19.
Cuenta que incluso ni siquiera es recomendable utilizar oxígeno en casa con pacientes que necesitan estar internados y bajo el control de un especialista, pues el oxígeno que se pasa por las mascarillas no es suficiente al que va por las cánulas de alto flujo que se emplean en los hospitales (que es ocho o diez veces más). Tampoco se deben utilizar antibióticos al inicio de la enfermedad, porque no es una bacteria, es un virus, dice.
La medicación debe ir de acuerdo con lo que cada paciente tiene, por ejemplo, hay casos que desarrollan tos y gripe en los primeros cinco días y hay que dar fármacos para aquello.
Un médico general puede tratar el COVID-19 en la fase inicial (por lo general una semana), pero cuando hay complicaciones es necesaria la atención de un especialista (como neumólogo, médico clínico, intensivista…), agrega.

