miércoles, octubre 28

La historia de Joel Estupiñán, el chico que rompió en llanto tras quedarse con el bronce en el Mundial Sub-20

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Las luces del estadio Municipal de Gdynia alumbran el momento mágico y la felicidad de los seleccionados de Ecuador, que acaban de ser premiados por ser terceros en el Mundial Sub-20 de Polonia, tras vencer 1-0 a Italia. Momento único en la noche polaca de ayer. En las gradas, un puñado de compatriotas no para de festejar. Mas, una imagen llama la atención: Joel Estupiñán, apartado de la celebración, se suelta en llanto al mirar la medalla de bronce y su mirada a ratos se pierde en el horizonte.

La mente de Joel no está en la turística ciudad de Gdynia, la cual sufrió con el desplazamiento de sus nativos durante la Segunda Guerra Mundial, y que para los ecuatorianos significará la urbe donde Ecuador alcanzó la mayor gesta futbolística, sino que él se traslada a Las Malvinas, un ‘barrio caliente’ de Esmeraldas en donde nació, se crió, peloteó en sus inicios y que trata de emerger en medio de las carencias.

El mundialista -mientras el jolgorio tricolor se adueña del escenario- sentado a un costado vive un trance: “En segundos pasaron muchos recuerdos de mi infancia por la cabeza. Duros momentos que viví, los cuales los superé con esfuerzo y ahora aún pienso si esto no es un sueño”, cuenta Joel a este Diario, en un diálogo telefónico, mientras se trasladaba la mañana de este sábado hasta Varsovia. 

“Mi madre Melay García falleció cuando yo apenas tenía un año de edad, entonces mi papá (Carlos Estupiñán) tuvo que ser padre y madre para mis cinco hermanos y yo”, inicia su relato Joel, sobre ese doloroso momento que lo vivió allá en el lejano 2000. De sus hermanos: Rommel, Boris, Lenín y Carlos, solo el primero llegó al profesionalismo, e incluso fue campeón con Deportivo Quito. 

Pero, el trágico destino no paró para la familia. Una madrugada el corazón de su hermana Gisela dejó de funcionar a la perfección: “Comenzó a ahogarse, se le llevó al hospital, pero (hace una pausa), nada, se nos fue”, prosigue y se nota aún mucho dolor por esa partida.

“Para los tres va esta medalla. Para mi mamá y mi hermana que no alcanzaron a ver este triunfo, pero que desde el cielo festejarán y me darán fuerzas para seguir”, destaca el esmerladeño de 20 años.

“Y para mi papá, que pese a no tener un trabajo fijo y para quien todos los días era una aventura conseguir un empleo, pero aún así nunca nos faltó con un plato de comida. Recordé los días en que su pese a sus necesidades sacaba los 25 centavos (de dólar) y me daba para que fuera a entrenar”, revela.

Ahí, “en medio de los sueños de un niño le decía: Algún día te voy a recompensar papá. Por eso, llevarle esta medalla y dársela por el Día del Padre (este domingo) significa mucho para mí, es algo inexplicable. Pero, esto solo es el inició: Quiero poner un negocio para que él deje de trabajar y esté tranquilo”, apunta.

Múltiples recuerdos fueron cortados por sus compañeros Richard Mina (el autor del gol ante Italia, y que significó el ganar la medalla de bronce) y Johan Lara, su otra familia. Se percataron del conmovedor momento y lo levantaron. Caminó un poco y se fundió en un abrazo paternal con el técnico Jorge Célico.

Joel, el extremo diestro, quizá no será recordado por actuaciones descollantes en el Mundial, pues apenas jugó unos minutos en la victoria (1-0) ante México cuando reemplazó a Alexander Alvarado, más su imagen emotiva quedará impregnada en los aficionados, y su historia de vida será digna de imitación: Nunca se rindió, pese a que muchos, cuenta y no da nombres, “pronosticaron que no llegaría al fútbol profesional”.

El jugador de Mushuc Runa dice con orgullo que ya quiere estar en Las Malvinas para “abrazar” a su padre y entregarle la medalla. Su apoyo fue clave para que llegara a ser futbolista desde aquel momento en que comenzó en los equipos barriales de Nuevo Milenio y Nueva Unión, en su natal Esmeraldas. Igual, cuando estuvo en la escuela Alfaro Moreno, también en su tierra. Y de ahí el paso el paso al profesionalismo en Cuniburo, Esmeraldas Petrolero y el equipo de Ambato. (D)

Fuente: El Universo

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