Para Katia Ron salir de la cama se vuelve cada día más difícil. Su cuerpo pierde movilidad rápidamente. Tiene 54 años y es una de las pacientes que ha recibido un trasplante renal en el país.
Hace cinco años se sometió a la cirugía. Pero el órgano que recibió está en riesgo. La falta de medicamentos en el IESS hace que su salud empeore cada día. Esta madre necesita una serie de inmunosupresores, son medicamentos que evitan que el cuerpo no rechace al riñón nuevo. Entre los fármacos requeridos están everólimus, tacrolimus, micofenolato. Conseguir estas medicinas en el Hospital Carlos Andrade Marín de Quito (HCAM) se ha convertido en un verdadero calvario.
En los últimos cuatro años, el tratamiento fue interrumpido más de 10 veces por el desabastecimiento; cuando existen los fármacos se acaban casi de inmediato. Ella ha estado sin medicinas hasta por 30 días. Por la falta de stock y los continuos cambios de marca de los fármacos ha decaído su salud hasta el punto de perder la movilidad.
La lucha por conseguir estos insumos ha hecho que Katia y su hija vendan objetos de su casa para comprarlos de forma particular. “Hemos vendido las joyas de la familia, una televisión, una computadora”, cuenta Katia. Todo para conseguir USD 1 200 que requieren para un tratamiento de 15 días.
Katia no tiene trabajo y su hija tampoco, pero se las ingenian para aportar al seguro del IESS cada mes y recibir los fármacos. Ha estado afiliada por más de 15 años.
Pero el Seguro Social no ha sido recíproco con ese esfuerzo. La mujer no es la única que se queja de la falta de medicinas. Ella pertenece a dos grupos de pacientes que han recibido un trasplante. Son más de 500 personas que por chats de WhatsApp buscan sus inmunosupresores.

