El sacerdote Florentito Pérez ha encontrado otra manera de compartir la palabra de Dios de una forma poco tradicional, utilizando las tecnologías digitales a favor de la vida cristiana.
Él cuenta con más seguidores en las redes sociales que los que asisten a las misas del domingo. Su audiencia aumenta con directos que retransmite por Instagram, en los que cena con una persona de interés social para que sepa lo que es ‘comer como un cura’.
A modo del programa de televisión español “Mi casa es la tuya”, pero en directo, con solo unos focos y la cámara de su teléfono móvil como medios técnicos, el sacerdote Pérez, más conocido en sus redes sociales como “Ancalcura” comparte cada jueves la mesa con otro comensal y de forma virtual con sus seguidores de Instagram, detalla el portal Religión Digital.
“Quería mostrar una imagen de normalidad de un cura, visualizar que mi casa está abierta a todos y que hay una apertura al mundo que nos rodea para escuchar y dialogar”, asegura Florentino Pérez.
Esta idea surgió a inicios del curso escolar donde imparte clases de teología, asegura que poner en marcha el proyecto no ha sido fácil, ya que ha tenido que batallar con la mala conexión a Internet en Sayago, la zona rural de Zamora en España. En su casa, con la cámara del móvil como testigo indiscreto, ha compartido mesa y reflexiones con gente de Sayago y del resto de la provincia de Zamora a la que consideraba importante dar voz, desde una maestra o una periodista a un empresario y vicepresidente de Cruz Roja en Zamora. Entre los próximos invitados a sus cenas le gustaría tener a creadores zamoranos como el escultor Ricardo Flecha, el escritor Juan Manuel de Prada o el compositor David Rivas o a sus compañeros del grupo de teatro aficionado La Tijera.
Según Religión Digital, el párroco influencer ha aclarado que sus cenas retransmitidas no son solo para hablar de religión, sino también para conocer a personas de muy distintos ámbitos, lo que constituye una manera “de decir lo que Dios es, que acoge y sale al encuentro sin excluir a nadie”. Lo ve como una forma creativa de dar a conocer la palabra de Dios, además de invitar a la Iglesia a escuchar al mundo y dialogar con él.
El padre apenas ha publicitado su cuenta de Instagram porque prefiere que su popularidad surja de forma espontánea a medida que la gente la descubre y por eso ni siquiera la ha vinculado a su perfil personal de Facebook, en el que tiene más de 3800 amigos. Por otro lado, invita a otros sacerdotes a perder el miedo a las redes sociales y arriesgarse a utilizar nuevas formas de evangelizar a los feligreses. (I)

