“Estaba ansioso por verla, desde el 98 yo seguía el proyecto”, recuerda José Afranio Vivas, quien movido por su entusiasmo adquirió un boleto de 25.000 sucres para presenciar el estreno en Ecuador de Ratas, ratones, rateros, la cinta de Sebastián Cordero que hoy cumple 20 años desde su estreno.
Al pasar los días regresó a verla por segunda ocasión, esta vez junto llevó consigo a sus compañeros de universidad.
“Me llamó mucho la atención su estética; el primer plano de Ángel de cabeza medio drogado, la cámara retrocediendo y revelando la escena en el motel; el uso de la cámara en mano, los colores fuertes y la imagen contrastada; luego la persecución en el cementerio que dio origen al conflicto”, cuenta.
“Influyó mucho en mi narrativa audiovisual, observé y aprendí cosas que hoy aplico en mis trabajos”, añade el profesional en audiovisuales.
En esto coincide Víctor Estrada, jefe de Ambientación y Utilería en producciones de Ecuavisa. “En la universidad quería estudiar cine pero en aquel entonces era algo imposible para mi y familia, así que opté por aprender por mi cuenta, hasta mientras. Esta película, más el libro que detalla cómo se filmó, fue el recurso más fuerte para aprender a hacer cine», revela el joven quien la vio luego que su padre la llevara a casa junto con otros DVD.
«Al inicio era una más del montón, luego se convirtió en mi favorita hasta ahora (…) era un niño (tenía 10 años la primera vez que la vio) y no tenía mucho conocimiento sobre el cine local, así que esta película despertó en mí, el interés por el cine nacional«, expresa Estrada, quien guarda con mucho cuidado el libro del filme publicado en el 2010.
La ópera prima que marcó un precedente

Para Vivas la película marcó un antes y después en el cine nacional. Aún así destaca los trabajos cinematográficos de esa época como La Tigra y Entre Marx y una mujer desnuda, de Camilo Luzuriaga. “Me parecen filmes excepcionales, digeribles para cualquier generación. Sin embargo, el trabajo de Sebastián Cordero supo llegar a más gente, tal vez por estar conectado con temáticas urbanas del día a día usando un lenguaje más sencillo e impactante”.
Algo en lo que coincide el historiador y crítico Jorge Suárez. “Va de la mano con hechos que aún suceden, que podrán suceder y eso es lo que crea un clásico”, resalta.
Él sitúa al filme como la «semilla del árbol que ahora cobija al cine ecuatoriano«.
Comparte un hecho en particular que vivió en uno de sus viajes a Estados Unidos. «Recuerdo que dos años después de su estreno yo estaba en el Amoeba Store de Hollywood comprando películas. Allí se lucía Ratas, Ratones, Rateros compartiendo nicho con los clásicos del cine. Y no era barata, costaba 32 dólares. El anuncio manifestaba que era cine ecuatoriano. Eso es lo que guarda mi retina».
El crítico indica que el largometraje sirvió para destruir el regionalismo cinematográfico. “Cordero, inteligentemente, le dio espacio a nuestras dos regiones: igualdad de tiempo a los hechos que sucedían en la Costa, en la Sierra. La fórmula sigue vigente”.
Mientras, para el director Javier Andrade, la cinta llegó en un momento que se necesitaba hablar del realismo social de América. «Esto fue como una bocanada de frescura que le va a dar a Ratas… un lugar gigante en la historia del cine», indica.
Andrade presenció muy de cerca el trabajo de Cordero, pues fue uno de los estudiantes de la Universidad San Francisco de Quito que participó en la cinta. Conformó el ‘Club de los pasantes oprimidos’, llamado así por el mismo director, e interpretó a un adolescente proveniente de un estrato social alto.
“Sebastián era muy riguroso y disciplinado al momento de dirigir. Eso me influenció mucho, que él se tomaba muy en serio el trabajo que hacía. Nos enseñó que uno es capaz de poder hacer las cosas que admira», subraya el director de Mejor no hablar de ciertas cosas.
En ese tiempo era muy fácil poner excusas para hacer una película por todo lo complicado que resultaba, señala. «Yo siento que Sebastián tumbó todas esas excusas al hacer ratas y eso cambió nuestras vidas para siempre. En mi caso me hizo dedicarme a esta profesión«, añade.
Suárez define a Cordero como el Clint Eastwood del cine ecuatoriano. «Quien marcó un antes y un después».
Fuente: El Universo

