De los dos millones de extranjeros que vinieron a Ecuador en el 2018 se quedaron 175.397. Un 94% más que en el 2017, convirtiéndose en el mayor saldo migratorio de los últimos trece años.
Venezolanos, colombianos y peruanos lideran las cifras, sin embargo, un simple recorrido por las calles de Guayaquil evidencia la presencia de otros extranjeros. Ciudadanos de 111 nacionalidades entraron y no salieron el año pasado. Solo en la av. Víctor Emilio Estrada 65 restaurantes ofrecen sabores de 18 naciones, entre ellas México, Italia, Japón China, Estados Unidos, India, Egipto, Líbano, España, Argentina e Israel.
Datos oficiales señalan que 3.216 asiáticos y 1.188 africanos que llegaron en el 2018 permanecen en Ecuador o no han registrado su salida.
Excluyendo a la migración del continente americano, quienes más se quedaron son de India, Filipinas, Camerún, Angola, Sri Lanka, Holanda, Yemen, Francia, Bangladés, Irán y Nepal.
El miércoles pasado entró en vigencia la exigencia de visa a once países, establecida en el acuerdo ministerial Nº 03, con lo que suman 23 naciones en esa condición. Entre estas figuran las de mayor saldo migratorio del 2018, excepto Filipinas, Francia, Holanda, Irán y Yemen.
El art. 40 de la Constitución reconoce el derecho a migrar y que “no se identificará ni se considerará a ningún ser humano como ilegal por su condición migratoria”.
La Cancillería argumenta que la reciente medida es preventiva, ante posibles delitos transnacionales como tráfico de migrantes, lavado de activos y tráfico de estupefacientes. Además remitió al Lagislativo una reforma migratoria.
La investigadora Daniela Célleri asegura –en el estudio ‘Situación laboral y aporte económico de los inmigrantes en el norte de Quito’– que la migración extranjera de las dos últimas décadas se caracteriza por un marcado enfoque laboral alentado por la dolarización.
La demanda de personas con títulos de cuarto nivel (Ph. D.) provocada por las reformas educativas atrajo a académicos europeos, norteamericanos y sudamericanos, menciona Célleri, quien además refiere a jubilados estadounidenses radicados en Cuenca y Cotacachi, por su buen clima y “rentabilidad de sus pensiones”.
El estudio señala entre las causas de la inmigración la crisis que enfrentan algunos países de la región, el no requerimiento de visa que aplicó el Gobierno entre el 2008 y 2013, la exigencia de visa en la Unión Europea desde el 2003 para los latinoamericanos y el aumento de las restricciones para ir a Estados Unidos tras el atentado del 11 de septiembre de 2001.
Evidencia además que el incremento de migrantes colombianos, cubanos, haitianos y venezolanos cambió la percepción de los ecuatorianos y se observa cierto nivel de rechazo.
En la ponencia “Movilidad humana e integración social en Ecuador”, expuesta durante los diálogos propiciados por el Estado en febrero pasado, Mauricio Burbano también indica que los ecuatorianos tienden a valorar negativamente a las personas de países vecinos (Colombia y Perú), no así a quienes vienen de España, Estados Unidos, Alemania, Brasil y China.
Desde que Ecuador asumió el dólar como moneda oficial, en el 2000, se registra el ingreso de 21’506.380 extranjeros y la salida por puestos de control migratorio de 19’532.526.
Las historias de los extranjeros no solo las cuentan las calles y los negocios; ellos, de viva voz, comparten lo que los atrapó del país de la mitad de mundo.
El porcentaje de extranjeros que vive en Ecuador con respecto a la población total se mantiene (1,3%, según el último censo). Esto debido al crecimiento poblacional local, que a la fecha registra más de 17 millones de ecuatorianos. (I)

