Una menor, de cuatro años, sufrió una agresión de este tipo en su casa, cuando su madre la dejó sola para buscar una herramienta. El sospechoso, que entró a instalar un cilindro de gas, fue detenido y procesado por violación.
Carmen no estuvo ni dos minutos fuera de su casa. En ese lapso el hombre que instalaba un cilindro de gas en la cocina atacó sexualmente a su hija, de cuatro años.
El individuo, un hombre barbado y harapiento, era conocido como “Barrabás”, en la etapa 5 de la ciudadela La Alborada, en el norte de Guayaquil.
Desde hace 18 años “Barrabás” voceaba “¡gas!” mientras empujaba o pedaleaba su triciclo. Si algún cliente lo requería, ayudaba a cargar los tanques amarillos e incluso a conectarlos.
A las 07:30 del martes 25 de junio, Carmen necesitó de la ayuda del vendedor porque vive en el tercer piso de un condominio. Cuando llegaron al departamento, él le dijo que estaba floja una boquilla y ella salió a pedir prestado un playo a un vecino del edificio.
Al regresar notó a su hija nerviosa. Cuando el hombre se fue, la niña, en sus palabras, dijo que este se bajó los pantalones y la había obligado a practicarle sexo oral.
Manuel, el vecino que prestó la herramienta, contó que Carmen estuvo aproximadamente un minuto y medio esperando en su puerta y que volvió a casa.
“Ya no se puede confiar en nadie. Todos lo conocíamos al vendedor porque lleva años trabajando en este sector”, manifestó Manuel.
La detención se produjo en la casa de la víctima, pues la progenitora, después de enterarse de lo sucedido, fingió no saber para pedirle que le llevara un repuesto de boquilla. “Barrabás”, quien realmente se llama Luis Javier L. T., fue capturado y luego de la audiencia de flagrancia quedó con prisión preventiva por el delito de violación, tipificado en el artículo 171 del Código Orgánico Integral Penal (COIP).
El acto ilícito es sancionado con privación de libertad de 19 a 22 años. La normativa establece que se sanciona con el máximo de la pena cuando la víctima es menor de 10 años, entre otros aspectos.
El abogado Julio César Cueva explicó que el delito encuadra en violación cuando existe penetración sea por vía oral, anal o vaginal.
En Ecuador se registran diariamente un promedio de 42 denuncias por delitos sexuales en contra de mujeres y menores, informó Carlos Alulema, director nacional de la Policía Judicial, en una rueda de prensa efectuada en mayo.
Hasta esa fecha, 600 sospechosos de cometer agresiones sexuales fueron detenidos, lo que “significa entre 4 y 5 detenidos diarios por violaciones y abusos sexuales”.
De acuerdo con las estadísticas policiales, en el mayor porcentaje de los casos, las víctimas conocen a sus agresores puesto que pertenecen a sus círculos más cercanos.
“El 83% de ataques se da dentro del círculo cercano de las mujeres y de los menores; y solamente el 16% está entre desconocidos”, dijo Alulema. De acuerdo con cifras de la Dirección de Política Criminal de la Fiscalía General del Estado, durante 2018 -solo en la provincia de Guayas- hubo 1.094 violaciones y desde enero hasta junio de este año, 552.
Además, la organización “Ecuador dice no más” tiene entre sus cifras, que una de cada cuatro niñas y uno de cada seis niños son abusados sexualmente.
Cuidados y señales
La psicóloga clínica Dejanella Espinosa Valarezo consideró que una medida de prevención es educar a los niños a partir de los tres años en cuanto a la sexualidad.
Explicarles cuáles son sus partes íntimas, señalarles qué parte no les deben tocar. “Que puedan diferenciar qué tipo de caricias son cariñosas y cuáles no; por ejemplo, las que los hacen sentir incómodos”.
La especialista manifestó que cuando se educa sin tabúes, los niños forman una base y cuando van creciendo, la información que les llegue de terceras personas o del medio que los rodea no será distorsionada.
Otro factor fundamental es que los menores tengan la confianza y seguridad de que si cuentan algo le creerán, indicó la profesional.
“Hay que recordar que el agresor causó una afectación psicológica a la víctima y a esta le cuesta mucho trabajo hablar, como para no recibir apoyo familiar. Cada vez que lo cuenta lo vuelve a vivir, es revictimizante”, explicó.
Mencionó que otro aspecto importante es reconocer síntomas o símbolos de una víctima. Por ejemplo, el aislamiento, la falta de sueño, la inestable alimentación, si lloran fácilmente, si existe temor o resistencia a acercarse a una persona determinada.
Fuente: El Telegrafo

