Msc. John Flores Morán.
Las elecciones presidenciales constituyen acontecimientos únicos que se viven en nuestros países de América Latina, cada 4 o 5 años dependiendo del plazo que establezca la constitución política vigente. Son eventos generalmente muy esperados, por los ciudadanos cuando el gobierno en funciones aparece muy desgastado, ante el manejo de la siempre difícil democracia o ante la evidencia mayoritaria que las metas propuestas en su arranque no encontraron feliz realización; y que sus propuestas de cambio terminaron siendo solo fantasías de campaña. Aquí también están, y con mayor vehemencia los pueblos sometidos a dictaduras, quienes ven en ellas las posibilidades de poner fin a muchos años de opresión por la vía de las armas y las ambiciones desmedidas de sus dictadores.
Pueden también, ser deseadas por el gobierno de turno cuando su desempeño, medido por los sondeos de opinión pública tiene adecuados porcentajes de aceptación y la imagen presidencial, independientemente de las estrategias utilizadas generalmente de corte populistas, han logrado gozar de la aprobación de su gestión gubernamental; y sustentados en esas percepciones deciden emprender una nueva aventura de intentar volver a captar el poder. Suelen ser también mayoritariamente anheladas por los que perdieron en la lid pasada, muchos de los cuales probablemente empezaron a pensar en ellas a partir del siguiente día de su derrota; claro esta se inició en los caminos de la oposición manifestando que apoyarían todo lo que vaya en beneficio de la patria, pero en su interior estaban atentos a los primeros errores de su opositor para reiterar que sus propuestas eran mejores. Y aprendieron a cultivar la paciencia, fortaleciéndola jornada tras jornada con cada nueva raya que al tigre asestaban, pero seguían afirmando que pensaban en la patria, hasta que ya muy cerca cronológicamente de la fecha de la nueva convocatoria por el organismo electoral en funciones, se declaran abiertamente como lideres de la oposición y la nueva opción para las futuras elecciones. También suelen ser objeto de ambición, por parte de los francotiradores, quienes desde las azoteas de las casas divisan con sus binoculares el devenir político del país, escrutan con sagacidad los diferentes partidos políticos, a sus lideres y otras veces sus dueños, con quienes resulta siempre más fácil negociar. Van observando con cautela y tolerancia el rol que sus diferentes actores van jugando; monitorean los sondeos de opinión para ir categorizando la popularidad, aceptación o rechazo que tienen y las posibles causas que den cuenta de esas percepciones, afín de identificando a los políticamente débiles construir su mapa estratégico de oportunidades; y surgir como esas nuevas figuras dispuestos a representarlos, revivir estas organizaciones, para que puedan captar el mayor número de escaños en la nueva Asamblea y jugársela por la patria; eso si previo a la movilización de los recursos económicos siempre necesarios para dicha labor. Se hacen llamar con el anglicismo de outsider, partiendo de un prestigio previo del que gozan, donde según ellos estaban bien; pero ahora con una agudeza auditiva que solo ellos tienden a escuchar refieren que la patria los llama, y no están dispuestos a darle la espalda. Otros en cambio, con menor inversión, un gran volumen de likes y alta popularidad, independientemente de su fuente serán llamados a completar los binomios.
En definitiva, las elecciones presidenciales, son ese momento mágico que despierta de manera asombrosa la numerosa presencia de los que podemos llamar salvadores de la patria; acaso no resulta esperanzador conocer cuantas personas están dispuestas a jugársela por el país. En este singular ambiente electoral, la prensa que informa va poniendo sobre la palestra la situación real del país en sus diferentes aspectos, para desde un diagnóstico lo más cercano posible indagar sus propuestas de solución, claro está para crear un cambio, un diferente país o terminar refundando la república.
Uno podría preguntarse ¿Cómo surgen estos salvadores, tan necesarios para los partidos políticos en estos momentos decisivos para el futuro de un país? Es claro que no existen salvadores sin partidos políticos, y mientras estos más débiles de representación popular sean más deseosos estarán de encontrarlos. Son instituciones de alquiler en nuestras débiles democracias, en busca de Salvadores deseosos de pagar el precio propuesto, y los hay de todo valor y en abundancia; pues resulta muy raro que en cada elección no propongan candidatos, cuando su poder se asienta justamente en tener luz verde para plantear a estos personajes. Para los Salvadores, la historia de los partidos políticos con los que se unen en una perfecta simbiosis, no existe o comienza a escribirse a partir de su llegada, cuando en jornadas de seudo democracia interna son aclamados por los seguidores, a quienes tampoco les importa un pepino la biografía del salvador actual; lo que importa es utilizarlos para obtener el poder y los beneficios que trae consigo.
Tampoco requieren ser escrutados por la relación Perfil vs Cargo. ¿Tienen ellos la formación académica necesaria, para ejercer las máximas dignidades en la dirección de sus países, que les permita conocer los principales problemas que estos adolecen y en especial las posibles alternativas de solución? ¿Poseen la experiencia en funciones similares y la experticia en el manejo público que requieren? ¿Qué resultados previos avalan su desempeño anterior, que sea su carta de presentación para las posiciones que ahora aspiran? No interesa. Solo requieren haber nacido en el país que postulan, estar en goce de sus derechos políticos y tener una determinada edad que puede oscilar entre 25 a 40 años dependiendo de su país de origen. Se entiende ahora con facilidad porque en países como los nuestros todos los ciudadanos son presidenciables, y cada vez tenemos que elegir entre un creciente y abundante número de candidatos. Difícil tarea la que nos espera como electores, pero recuerden a la hora de decidir “Por sus frutos los conoceréis” Mateo 7: 20.
