Quemaduras en el pecho, piernas, espalda, pies y cara. Más de 7 intervenciones quirúrgicas. El ano destrozado y un pronóstico hospitalario grave. Apenas tiene seis años. Su cuerpo frágil y pequeño registra las huellas de un horroroso delito; cometido presumiblemente por su padre biológico y madrastra.
Hasta Vistazo llegaron las imágenes más crueles de la agresión al menor, en la que se evidencian las quemaduras, golpes y el daño en los genitales del niño. Sin embargo, por respeto a la víctima, se decidió no publicar dichas escenas.
Para el juez de lo penal, Wilmer Tapia, se trató de violencia intrafamiliar, pero las imágenes y pericias de la víctima son la escena de una realidad mayor: al niño “lo violaron sexualmente y lo torturaron”, asegura María Gabriela García, coordinadora zonal 8 del Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES), institución encargada del caso.
El pequeño, oriundo del cantón Naranjal, provincia del Guayas, fue llevado el sábado 4 de septiembre de 2021 hasta el Hospital del Niño Francisco de Icaza Bustamante, en Guayaquil, por la gravedad de sus heridas. Allí los doctores hicieron un doloroso diagnóstico.
“El niño estaba prácticamente muerto. Tenía pus en las vísceras porque los golpes ya eran de bastante tiempo. (…) Cuando fuimos a revisar el caso del niño nos dimos cuenta, a primera vista, que el niño había sido torturado. Tenía quemado todo el cuerpo, el ano casi flotando, es algo impresionante”, asegura García.
Tres horas después de la llegada del niño al hospital, otra niña arribó al centro hospitalario con heridas similares. Se trataba de la hermana del pequeño, tiene 8 años y llegó con quemaduras y golpes, aunque aún no se ha determinado que fue violada, se sospecha que fue abusada sexualmente, explica la funcionaria.
UN “CHOQUE” CON LA INOPERANCIA DE LA JUSTICIA
Tras el hallazgo, el MIES activó su protocolo para coordinar, primero, el acogimiento de ambos niños; y para que la Fiscalía cumpla con la obtención de una boleta de captura de los presuntos agresores que, en este caso, eran padre y madrastra. Pero nos “chocamos con la inoperancia por parte de la Fiscalía de Naranjal», cuenta García.
“No nos prestaron el contingente necesario y nos regresamos derrotados. Volvimos a Guayaquil, tocamos puertas y conseguimos que la fiscal provincial del Guayas nos atienda. Ella nos prestó la ayuda. Fue con el equipo técnico del MIES a Naranjal, se logró emitir las boletas, se capturó a los sospechosos, se les dio prisión preventiva por 24 horas y, lastimosamente el juez -pese a que el niño ha pasado por más de 7 intervenciones quirúrgicas y su cuadro clínico es severo- dispuso que se trataba de un caso de violencia intrafamiliar y no levantó cargos contra el padre sino solo contra la madrastra. Así, se dispuso la libertad”, relata.
NEGLIGENCIAS E IRREGULARIDADES EN ESTE CASO
El Centro Ecuatoriano para la Promoción y Acción de la Mujer de Guayaquil (CEPAM), se hizo cargo recientemente del caso de los menores, con el objetivo de dar un tratamiento legal pertinente, y resolver las “irregularidades” detectadas en la propia justicia.
Consuelo Bowen Manzur, directora de la clínica jurídica feminista del CEPAM y experta el litigio estratégico en el Sistema Interamericano, asegura que, como primer paso, se procederá a presentar este lunes 20 de septiembre una queja en el Consejo de la Judicatura por “algunas negligencias e irregularidades que han ocurrido en este caso”.
“En la pericia hecha al niño se determina que ha existido violación sexual. Además, en su cuerpo hay indicios de tortura, no únicamente de maltrato. Esto ha llevado a considerar que hay un riesgo incluso para los otros niños que habitan en esa casa. En la niña de 8 también hay indicios de graves maltratos”, manifiesta.
No obstante, pese a estas evidencias, el juez no formuló cargos ni por el delito de violencia sexual ni por tortura, sino por violencia intrafamiliar, lamenta. Por esta razón, el pasado 10 de septiembre, tras conocer el caso, CEPAM emitió una alerta en sus redes sociales para denunciar la actuación del juez Wilmer Tapia.

